Cuando papá cría

Cuando este post se publique, ya será una realidad. Aunque ahora mismo estemos a dos semanas de que esto suceda.

Visualizo el viaje, y sé que no es fácil.

Sé que los hombres tenéis una carga energética muy potente en esto del cuidado de las crías. Aunque también sé que tengo la suerte de tener un compañero de camino muy capaz de ser el cambio que queremos ver en nuestros hijos.

Porque cuando papá cría…

El aire se impregna de juego. Se para el tiempo y no hay nada más. Aquí y ahora se funden, estando para ellos. Para uno o para los dos.

Cuando papá cría yo estoy en paz. No hay emoción que se deje escapar. Atento a cada uno, sin importar dónde estarán. Solo importa escuchar, al corazón de los demás.

Cuando papá cría, yo me puedo ocupar, de esas tareas “de hombres” que elegimos hace tiempo desterrar. Porque no hay momento del día, donde papá esté sin querer. Porque cuando ya no puede o quiere, a ellos les dice, ahora no.

Cuando papá cría, puede haber desconexión. Y entonces pide a mamá, que aparezca con amor.

Cuando papá cría, imagino esa sensación. Papá a jornada completa, buscando espacio también. Un momento al día, o quizás dos. Sea lo que sea, allá estaremos con él.

No sabemos cómo será de verdad. Solo pensamos que bien vamos a estar. Y cuando no estemos bien, también perfecto será. Porque papá va a criar, con mamá y con otros dos. Papá pedirá ayuda, y todos a su lado aprenderemos.

Te lo contaré más adelante. Y espero que así sea. Porque cuando papá cría, todo se vuelve mejor.

No solo mamá estará. Porque a ratos yo trabajaré. Una rutina seguro que localizo, de madrugada o de noche, que más da. Pero papá estará presente porque así lo definimos. Emprender viajando no es cosa mía, es cosa de los dos.

Yo necesito soporte, y así papá me lo dará. Porque cuando papá cría, yo sin duda, estoy mejor.

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