El juego de las orcas

Desde que vimos orcas en Península Valdés en febrero, las orcas han subido en mi escalera de animales preferidos.

El delfín es mi animal favorito, y conocer más acerca de las orcas gracias a las guardafaunas, ha sido un regalo doble. Ya no solo verlas, sino tener una sesión de aprendizaje en familia con dos chicas verdaderamente amables.

Natalia y Fer estuvieron desde el principio muy atentas a nuestra familia. Llegamos y a los pocos minutos volvieron las orcas. Mira allí! Y empezamos a disfrutar del espectáculo. Menuda suerte. Si ellas ven a las orcas una media de 5 veces al mes, a veces más a veces menos (contando también que libran 6 días después de 10 de trabajo), nosotros vimos orcas 1 de 1. Wow! Fue un gran avistaje.

Durante una hora larga pudimos disfrutar de ellas. Había 7 en total, 3 ó 4 crías; y el resto adultas. Fue un espectáculo para llorar.

Aprendimos que pueden llegar a vivir 70 años y que son muy familiares e inteligentes. Que son de la familia de los delfines y que enseñan a sus crías todas sus habilidades. A varar en la orilla para cazar, a mantener sus presas y a disfrutar del camino. Algo que no sabemos si es para conocer bien el terreno y luego atacar, o por el mero hecho de disfrutar. Esto les impregna un halo misterioso, ¿no crees?.

Me maravilló su capacidad familiar y la sensación de disfrute de su existencia.

Fer y Natalia, dos guardafaunas

Para Cloe fue también una gran experiencia que nos llevó después a ir a preguntar dudas a las guardafaunas.

Ellas se encargan de conservar la fauna y la flora; y de anotar en sus cuadernos cada una de las características que observan. Por lo tanto, tienen un archivo muy amplio de todo lo que sucede en Caleta Valdés, justo en el centro de la costa de Península Valdés.

Hay una bióloga americana encargada del proyecto y las visita cada cierto tiempo. Aunque sin ellas, el trabajo de la bióloga no podría ser efectivo.

Hacen registro de las orcas, pingüinos, lobos y leones marinos, elefantes marinos y toda las aves que allí conviven.

Si tuvieran que elegir una de las estaciones o temporadas de Península, ni Natalia ni Fer pueden escoger su favorita. Les gustan todas por lo que representan y suponen. Porque cada una tiene una característica específica. En invierno ven las ballenas pasar, uno de sus atractivos más turísticos; y en verano, aunque tienen el mismo trabajo como guardafaunas, aumenta la atención que deben tener con los visitantes.

Cada momento es único según estén los pingüinos de Magallanes apareándose o cuidando sus huevos. También la época de celo de cada animal o incluso la migración de aves.

Para estas dos apasionadas de su trabajo, no hay nada más especial que el propio trabajo. Reconocen que estar alejadas de su familia e incomunicadas durante 10 días no es fácil, aunque valoran positivamente la contraprestación como un regalo: la naturaleza, la quietud y la paz. Su jornada es de 8 a 20 horas durante 10 días y luego tienen 6 días libres en Puerto Madryn.

Natalia lleva 10 años, y de pequeña soñaba con trabajar en Península Valdés. Hablamos de lo maravilloso que es lograr los deseos que haces con el corazón, ¿no te parece? Parece que todo se alinea para que suceda.

Y Fer lleva 2 años y viene de muchos otros lugares con especies marinas.

A Cloe le encantó conocer la historia de la perra pastora que se quedó con ellas después de volver dos veces a su casa de pastoreo y escaparse a su lugar. Viven allí mismo en una casa junto a su lugar de trabajo. Aprovechan para dar paseos, leer, descansar y compartir cuando están juntas y tienen ganas.

Para nosotras, poder ver cómo las orcas se cruzaban con un león marino, y no le hacían nada, fue sorprendente. A mí personalmente, me dejó perpleja. Entonces ellas me explicaron que probablemente estaban enseñando a sus crías a cazar, ¿no es maravillosa la fuerza materna?

También se acercaron a la orilla a varar y parece que estaban enseñándoles también.

Curiosidades

Cuando pregunté acerca del apellido “asesinas” que tanto daño hace a las orcas, fueron tajantes con la respuesta. Ambas dos me explicaron que nunca han atacado en libertad, y que los únicos casos que se conocen de orcas atacando humanos han sido en cautividad. Realmente, compartieron conmigo que cuando uno está encerrado hace cosas locas. ¿Tú qué opinas acerca de esta situación que viven las orcas en cautividad? A mí me dejó también reflexiva, una vez más.

También reconozco que la palabra asesina en las orcas la había escuchado mucho cuando lanzan a sus presas, parece que jugando con ellas. Es algo que impacta mucho por la dureza que aparentemente tiene la situación. Sin embargo, ellas nos respondieron que no es juego malvado entre orcas, sino una oportunidad de enseñar (quizás jugando) a las crías y que no se les escape su comida.

Realmente la naturaleza es muy sabia. No es asesina, es parte de su ciclo de vida.

Una manera más de maternar, de asegurar el aprendizaje vital. Una manera de enseñar a las crías a mantener a sus presas, para así sobrevivir. Quizás es el juego de las orcas, el juego del aprendizaje… El juego de la vida.

Después de esta experiencia, puedo decir que me maravillan las orcas, que me parecen un animal precioso, que ha subido a mi pódium de animales, y que ya está pegadito a los delfines. Todos de agua y de la misma familia.

Se cayó el apellido asesinas para mí. Se cayó la brutalidad del juego mientras matan, se cayó porque lo veo como parte del ciclo de la vida, una gran manera de enseñar, de cuidar y de acompañar a sus crías.

¿No es una oportunidad única ver orcas y aprender de ellas?
Que viva el juego.
Y abajo el apellido asesinas.

Gracias Natalia y Fer por vuestro tiempo y entrega. Fue un #worldschooling en toda regla.

Escribir un comentario